Brecha salarial, la herida que supura en (casi) toda Europa

29-01-2018

«El tiempo se acabó». El lema que miles de mujeres hacen que recorra el mundo estos días mientras se manifiestan por una sociedad más igualitaria llegó esta semana a la ciudad suiza de Davos. El enclave helvético que ha acogido el encuentro económico más importante del año ha visto cómo el presidente de Canadá, Justin Trudeau se adueñaba de este emblema para recordar las nefastas consecuencias de la discriminación laboral. Acompañó sus palabras con hechos y, en un valiente gesto, calculó que cerrar la brecha de género aportaría a su país 150.000 millones de dólares en el 2026.

Aquí donde Trudeau ha clamado por la equidad salarial, en el Viejo Continente, que es más viejo que nunca si se atiende a datos como que el 44 % de los europeos creen que el rol más importante de las mujeres es cuidar de la casa, se empieza ya a multar a aquellas empresas que discriminan por razón de género en la nómina. No. No es el caso de España -donde las mujeres cobran casi un 15 % menos que los hombres-, ni lo va a ser pronto. Se encargó de dejarlo claro el jueves Mariano Rajoy: «No nos metamos ahora en eso», espetó sobre ese farragoso terreno en el que sí han querido entrar países como Islandia o Alemania.



Precedentes efectivos

«Es necesario aplicar sanciones para garantizar que una compañía no perjudica a una mujer por el hecho de serlo. Hay precedentes en otros campos que avalan que multar es la única manera de que realmente cambien las cosas. Los bares, la gente... los fumadores cambiaron el chip a partir de que empezaron a jugársela de verdad», explica Beatriz Piñeiro, presidenta de la asociación Mulleres en Igualdade de Pontevedra. Piñeiro considera que las medidas tomadas en algunos países europeos son brotes verdes en materia de igualdad que pueden servir de revulsivo en el resto del continente.

Islandia puede presumir de tener mujeres guerreras. Hasta cuatro veces han dejado sus trabajos en los últimos 42 años para protestar por una brecha salarial que el Gobierno ha decidido curar, ya que desde este año las compañías de más de 25 empleados deberán hacer públicos sus salarios y garantizar que las retribuciones son equitativas para hombres y mujeres. «Está genial esta medida, ahora bien, es importante que no hagan trampa en las compañías, ya que muchas veces contratan a las mujeres para una categoría laboral inferior a la que les corresponde», comenta Piñeiro. Sabe de lo que habla. «Soy médico y es una realidad que hay más mujeres que estudian Medicina que hombres, pero hay muchos más hombres jefes de servicio», explica, para añadir: «No interesa que las mujeres ascendamos para que no cambiemos la dinámica».

Romper el techo de cristal es, de hecho, uno de los principales hándicaps que se encuentran las mujeres cuando quieren crecer en el mercado laboral. A pesar de que once Estados miembro cuentan con instrumentos legales similares al que aparece en la Ley de Igualdad española del 2007, en la que se recomienda que el 40 % de los consejos de administración de las empresas estén representado por mujeres, lo cierto es que, seguramente, si echa a un vistazo a la compañía donde trabaja, se dará cuenta de que la realidad dista mucho de ese porcentaje. A no ser que se encuentre usted en Francia, Italia, Noruega o Bélgica, países que sí aplican sanciones a las compañías que no cumplan con la cuota pactada de mujeres dentro del órgano directivo.



Transparencia por bandera

Los feudos de Angela Merkel son otro punto señalado en el mapa de aquellos Estados que implantan medidas para garantizar que las mujeres tienen lo que les corresponde en sus empleos. Para ello, lo que ha decidido Alemania es permitir a las trabajadoras de compañías con más de 200 trabajadores conocer el sueldo medio de sus compañeros varones que desempeñen el mismo puesto. Transparencia se ha dicho. Y cada mujer podrá reclamar, si así lo considera, su derecho a recibir la misma retribución que su compañero varón.

No es para ponerse dramáticos, pensarán algunos. Ya que si de exponer datos se trata, lo cierto es que Eurostat demuestra que la reducción de la brecha salarial en Europa es real de un tiempo a esta parte. Pero como se expone en el estudio Negociando por la Igualdad, de la Confederación Europea de Sindicatos, en parte esto se debe no a una mejora de las condiciones laborales de las mujeres, sino a la participación femenina en puestos directivos y al azote de la crisis, que redujo los salarios de los hombres.

Fuente: La Voz de Galicia